Milagro en Tiberíades: el ahogamiento sin secuelas de Don Giraldo, sacerdote portugués de 85 años

Tiberíades, a orillas del Mar de Galilea, es una de las ciudades más bellas de Israel. Fundada en el año 20 dC por Herodes Antipas, en torno a ella tuvo lugar buena parte de la vida activa de Nuestro Señor. Hoy, con cerca de cuarenta mil habitantes, es visitada cada año por cientos de miles de peregrinos que visitan desde la Iglesia del Primado a la Iglesia de la Multiplicación (donde tuvo lugar el milagro de los panes y los peces) y disfrutan también de sus 17 manantiales termo-minerales.

Entre esos peregrinos estaba en 2013 un sacerdote portugués del Opus Dei, cuya historia relató en su blog Santiago Quemada, también sacerdote de la prelatura:

Don Giraldo es un sacerdote portugues que ahora tiene 85 años. Fue de peregrinación a Tierra Santa en el año 2013. Era el mes de septiembre. El grupo se encontraba en Tiberíades. Era ya por la tarde. Después de un caluroso día recorriendo algunos lugares Santos del norte, Don Giraldo decidió darse un baño en la piscina del hotel. Le gustaba nadar, y quiso aprovechar la oportunidad del rato libre que tenían en el grupo para refrescarse y hacer algo de ejercicio.


La espectacular belleza nocturna de Tiberíades.

Empezó a nadar y -según nos contaba-, después de dar la vuelta en la piscina, se encontró mal. Estaba en la parte donde cubre poco de la piscina. Se incorporó, y en ese momento perdió el sentido y se desvaneció hacia adelante. Al principio los que estaban en la piscina no se dieron cuenta. Solo después de unos cuarenta o cincuenta segundos, alguien se fijó en que estaba debajo del agua, como tirado. Todo esto quedó grabado en las cámaras de que dispone el hotel en el recinto de la piscina. Él lo que creía recordar es que había salido de la piscina, y después de ducharse y vestirse, había perdido el conocimiento. Las cámaras reflejaron la realidad de lo que le había sucedido.

Le sacaron del agua y empezaron los intentos de reanimación. Llegaron médicos, y estuvieron bastante rato actuando. No respondía a los masajes cardiacos. Lo intentaron varias veces. Como no reaccionaba y parecía no tener constantes vitales, dejaron pasar el tiempo para llamar a la ambulancia, pues ya parecía inútil, no había nada que hacer. La ambulancia llegó después de más de una hora, y en ese tiempo había persistido la falta de respuesta a los sucesivos intentos de reanimación.

Cuando llegó al hospital, Don Giraldo tenía encefalograma plano, y ausencia total de constantes vitales. En la pantalla salía una linea recta. Fue ingresado en la UVI, se le entubó, y se sucedieron los protocolos de intento de reanimación.

Estuvo en estado de coma tres días. Como parecía irreversible, se pensó en desconectarle de las máquinas, pero el tercer día era Yom Kipur, el día judío de la expiación, en el que nadie trabaja. Sus hermanas, que fueron informadas de la situación, habían estado rezando en Portugal para que no lo desconectaran. Los médicos no lo hicieron por ser un día especial, en el que había la mínima actividad en el hospital.

Al día siguiente, sobre las diez de la mañana, ante el asombro de todo el personal del hospital, Don Giraldo se despertó.

El médico, en una visita al enfermo un día después, decía que lo que había acontecido era milagroso, que se podía decir que había estado muerto. Afirmaba que de mil pacientes que sufren un colapso de las arterias del corazón tan prolongado solo sobrevivía uno, y además quedaba con graves daños cerebrales. A todo esto se sumaba la elevada edad del paciente. No encontraba explicación humana a lo que había sucedido. A Don Giraldo se le saltaban las lágrimas mientras el doctor detallaba cuál había sido su estado.

La primera noche, después de ser ingresado, a las tres de la madrugada, un obispo católico de rito melquita acudió al hospital y le impartió el sacramento de la unción de los enfermos. No se sabe quién le avisó. Don Giraldo estaba muy agradecido de que a esas horas de la noche ese buen obispo hubiera acudido a impartirle el sacramento de la unción de enfermos.

Don Giraldo es un sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei. Fueron de Jerusalén a verle el vicario y otro miembro del Opus Dei, pensando que no estaría consciente. Al llegar, solo hacía una hora que había despertado. Estuvieron charlando un rato con él acerca de todo lo que había sucedido. Preguntó dónde estaban sus pertenencias, pues creía que había entrado con ropa. La enfermera dijo que las habían depositado en el cajón de la mesilla de noche. Al abrirlo encontraron una bolsita con un bañador y un gorro de piscina. Eso era todo.

Por su habitación no cesaba de pasar personal del hospital para comprobar el milagro de su salida del coma y, además, que estuviera totalmente consciente, sin haber perdido facultades mentales. Hasta el conductor de la ambulancia quiso ir a verle, pues no salía de su asombro de que siguiera con vida.

Después de esa ocasión, Don Giraldo ha vuelto a peregrinar a Tierra Santa en dos ocasiones más. La última, en septiembre de 2015. Nos volvió a contar la historia de su curación muy emocionado, renovando su acción de gracias a Dios por todo lo sucedido.

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