La Custodia de Tierra Santa celebró la Inmaculada Concepción como «una mujer que no se esconde»

El martes 8 de diciembre la comunidad franciscana celebró en la intimidad la fiesta de la Inmaculada Concepción, una celebración que estuvo presidida por el custodio, fray Pierbattista Pizzaballa, asistido por el vicario custodial, fray Dobromir Jasztal.

En su homilía, el custodio mencionó el diálogo entre Dios y el hombre, presente tanto en el Génesis -entre Dios y Adán-, como en la anunciación que Dios hace a María a través de la voz del arcángel Gabriel. De hecho, «toda la Biblia es este diálogo […] Dios habla al hombre, elige hablarle, lo crea con su Palabra […]. Él no deja al hombre solo en su pecado, sino que lo busca, le habla». Después abordó la huida del diálogo: «Tras haber pecado, el hombre tiene miedo» y huye. Así, «el miedo es el primer fruto del pecado».


El custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa.

María, la Inmaculada Concepción, es decir concebida sin pecado, «es una mujer que no se esconde, que entra en diálogo con Dios […]. Así como el miedo es fruto del pecado, la confianza es fruto de la gracia». María, llena de gracia, confía y responde con un «Sí» a la pregunta del ángel Gabriel de llevar a Jesús en su seno.

El custodio subrayó después que, aunque la fiesta de la Inmaculada Concepción está cerca de la Navidad, alcanza su sentido más profundo en la Pascua: «Se entiende solamente a la luz de la Pascua. La gracia de la Pascua nos libera verdaderamente del mal y del pecado».

Al final de la homilía afirmó que, a la pregunta de Dios «¿Dónde estás?», nosotros podemos responder: «Estamos en su gracia, en su amor, no por nuestro mérito, sino por la Pascua de Jesús, por el don de sí confiado y definitivo al Padre, que ha vuelto a abrir para siempre el camino del diálogo entre Dios y el hombre».

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