La arqueología bíblica, una disciplina «singular» por su objeto y por las verdades que busca

Pedro Cabello, sacerdote y doctor en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, ha publicado una muy completa obra de acercamiento a la Arqueología Bíblica. El libro ha sido reseñado por Cayetana Johnson, arqueóloga y profesora de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso, en el número 216 (julio-agosto 2019) de la revista Razón Española, donde también se publica un estudio sobre la “Evolución de la demografía judía y cristiana desde la Biblia”, de Antonio María de Mendoza Casas.

Por su interés, reproducimos la recensión de la profesora Johnson al libro de Pedro Cabello:

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Si bien la definición de arqueología bíblica varía de un erudito a otro, generalmente incluye una combinación de arqueología y estudios bíblicos. Normalmente se suele definir la arqueología bíblica como «una rama de la arqueología que trata con temas de las tierras bíblicas para mejorar nuestra comprensión de la Biblia y/o la historicidad de los eventos bíblicos». Otras definiciones incluyen las áreas geográficas específicas que se estudian. Por ejemplo, «la arqueología bíblica es un subconjunto del campo más amplio de la arqueología sirio-palestina, que se lleva a cabo en toda la región y que abarca el Israel moderno, Jordania, Líbano y Siria», tal como lo definió Eric Cline, profesor de estudios clásicos, antropología e historia en la George Washington University (Biblical Archaeology. A very short introduction, Oxford University Press, 2009).

Algunos arqueólogos prefieren no utilizar la expresión «arqueología bíblica» porque les parece poco científico. «El campo de la arqueología bíblica adolece de una mala imagen pública, en algunos campos, debido a las prácticas de los estudiosos de hace décadas», escribía Aren Maier, profesor de arqueología en la Universidad Bar-Ilan de Israel, en un capítulo del libro Historical Biblical Archaeology and the future. The New Pragmatism (Routledge, 2010).

Maier también añadía que los estudiosos anteriores a menudo intentaban hacer conexiones parciales de la Biblia con sus hallazgos arqueológicos y no reconocían escenarios fuera del texto bíblico. Hoy en día, la mayoría de los arqueólogos bíblicos están de acuerdo en que los vínculos entre los hallazgos arqueológicos y la Biblia deben hacerse con cautela y reconocen que a veces es complicado realizar estos enlaces históricos con lo escrito en la Biblia.

Por tanto, el libro de Arqueología Bíblica de Pedro Cabello Morales se convierte en una criatura singular dentro del panorama de incredulidad y escepticismo que dominan nuestros tiempos, en los que todo debe ser medido, cuantificado y probado. Este sacerdote cordobés tiene una amplia experiencia como profesor de Estudios Bíblicos que pudo combinar como arqueólogo en el yacimiento de Tel Regev (Israel). Su obra no pretende ser un manual sesudo de informaciones técnicas con las que se suele informar a los especialistas en esto de la arqueología. Todo lo contrario. Gracias a una paciencia propia de su ser sacerdotal, poco a poco fue recopilando imágenes e informaciones de diversos especialistas en el campo de la arqueología y las disciplinas transversales que rodean a este campo de trabajo, especialmente buscando reunir el mayor número de documentación y experiencias de antaño y del presente para presentarnos de manera divulgativa con un toque de aventura poética lo que es nuestra investigación en las Tierras de la Biblia. Para ello, el autor se iba poniendo en contacto con instituciones y profesores, algunos ya jubilados, quienes con gran generosidad regalaron a Pedro Cabello fotografías personales y comentaban anécdotas de sus años de trabajo sobre el terreno, algo que al mismo autor no dejaba de sorprender: «Quién se iba a molestar por un sacerdote cordobés como yo», es lo que suele comentar don Pedro.

El libro consta de dos partes. La primera recoge el ambiente de discusiones y debates que se dieron en el proceso del nacimiento de esta disciplina, con las obligadas reflexiones personales del autor como sacerdote, porque en más de una ocasión el choque entre razón y fe se hace inevitable. Además, tampoco se puede prescindir de las tensiones entre las formas de abordar los estudios de la Biblia: los maximalistas y los minimalistas, es decir, los que afirman que lo narrado en la Biblia es cien por cien verídico frente a los segundos, los que sostienen todo lo contrario (y ahí está la mención a Finkelstein con su negacionismo sobre la monarquía unida de David y Salomón).

La segunda parte entra de lleno en la narrativa histórica, donde Pedro Cabello hace una cuidadosa selección de yacimientos y lo excavado hasta el momento y nos presenta igualmente todos los escenarios posibles, en ocasiones no exentos de polémica, como la célebre ciudad de Jericó o el trasunto real que subyace en el relato del Éxodo; sobre estos aspectos, Pedro Cabello sabe exponer con claridad las conexiones religiosas puestas al servicio de la narrativa histórica, algo que ciertamente hace que la arqueología bíblica sea una disciplina singular tanto por el objeto de estudio como por la búsqueda de la verdad científica en el campo del estudio de las religiones y la antropología.

Para concluir, es un gran acierto la publicación de este libro. Abre las mentes y nos presenta un campo de investigación apasionante con un toque nostálgico cuando uno contempla las fotos de antaño que acompañan en la lectura. Como arqueóloga en Tel Hazor y Jerusalén, es muy oportuna la aparición de este libro, pues ilumina el trabajo de muchos, quienes con rigor y tenacidad sólo buscamos la verdad de los contextos históricos y humanos en los que se desarrollaron los acontecimientos sagrados de las Gentes del Libro.

Cayetana Johnson, Razón Española nº 216 (julio-agosto 2019)

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