De Getsemaní a la columna de la flagelación, de la iglesia de la Agonía a la capilla de la Aparición

El morado de las vestiduras de los sacerdotes habla de la Cuaresma, la espera de la Pascua que se avecina mientras desde lo alto del ábside Jesús reza solo y sufre. La víspera del triduo pascual se ha recorrido el mismo camino de Cristo que, para llegar a la resurrección, pasó por la Pasión. Con atención y recogimiento, frailes y fieles han escuchado el canto de la Pasión de Jesús en la iglesia de la Agonía en Getsemaní. Tres voces entonaban en latín el Evangelio de Lucas frente a la variada asamblea que ha participado en la celebración eucarística del 12 de abril por la mañana. Las últimas horas de la vida de Jesús, la cena con los discípulos, la traición de Judas, la oración al Padre en el Monte de los Olivos, hasta la flagelación y la crucifixión.

Presidía la misa el vicario de la Custodia, fray Dobromir Jasztal. Asistían muchas monjas de las comunidades religiosas, y también muchos peregrinos.

Un francés llamado Jean-Baptiste contaba, por ejemplo, que había ido a pie desde el sur de Francia hasta Atenas, para después tomar un avión para llegar a Jerusalén: vivir la Pascua en los Santos Lugares es algo nuevo para él.

Después de un pequeño buffet en el que se han servido dulces y chocolate caliente, los frailes de la Custodia se han dirigido en procesión al Santo Sepulcro para el rito de la veneración de la columna de la flagelación.

En la capilla de la Aparición ha resonado un himno sagrado, leído en libros litúrgicos manchados de la cera de las velas, pasados de mano en mano entre los fieles. Pensando sobre los tormentos de Cristo que fue flagelado atado a esa columna, en silencio, todos se han puesto en fila para besar la columna en señal de veneración.

Aldina es una monja salesiana peregrina de Portugal: «No me esperaba estar hoy aquí y es una gracia realmente grande para mí. Seguiré todos los actos de la Pascua junto a otras 18 hermanas salesianas que han venido conmigo».

«Estoy aquí en Tierra Santa para una peregrinación de un mes –explica Gladis, una mujer peruana que acaba de salir de la capilla de la Aparición-. Es como encontrar mi alma y las raíces de las que procedo: quiero intentar entender la Pasión de Jesús para acercarme a Él».

Texto y fotos: Custodia de Tierra Santa.

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