Un joven cristiano de Belén, diácono de la Iglesia siria, gana el concurso musical televisivo Arab Idol

Yacoub Shaheen, un cristiano palestino de 23 años de edad, es el ganador de la cuarta edición de Arab Idol, el concurso musical de nuevos talentos más importante y seguido del mundo árabe. La velada final se desarrolló el pasado sábado, y mantuvo pegados a la pantalla a millones de televidentes. Cuando se anunció su triunfo, en Belén cientos de palestinos salieron a las calles para festejar el triunfo de su conciudadano.

En la final, el joven cristiano derrotó a Amir Dandan, originario de Galilea, y al yemenita Amar al-Azaki. Según informa Asia News, es el segundo palestino en adjudicarse el evento, después de Mohammed Assaf, nacido y criado en un campo de refugiados de la Franja de Gaza y triunfador –contra todos los pronósticos- de la edición del 2013.

La cancion de la gran final, con los tres participantes en ella.

Norma, la madre de Yacoub, quiso dar las gracias a la multitud congregada para ver la final: “Yacoub ganó por su voz, por su educación, por sus buenos modales, así como por el amor por su pueblo, por Belén y Palestina”.

La decisión de los jueces y la reacción del público. En el minuto 2:00, el anuncio del triunfo de Yacoub.

Yacoub Shaheen es un ciudadano de Palestina, de origen cristiano y sangre aramea, y a lo largo del concurso manifestó en varias oportunidades sus raíces étnico-religiosas.

Nacido en Belén e hijo de un carpintero, Yacoub siempre ha sido una persona activa dentro de la comunidad aramea local. Además de ser diácono de la Iglesia siria, también es un scout de los arameos de Belén. Orgulloso de sus orígenes, durante un comentario remarcó la seyfo, que en arameo significa “espada”. Es el mismo término que emplean los arameos para referirse al genocidio perpetrado en 1915 contra ellos y contra los armenios por su fe cristiana. Un genocidio que, más de un siglo después, aún niegan sus perpetradores turcos y muchos países del mundo árabe, por lo cual es fuente de controversia.

La diáspora de los arameos tras el genocidio –sobre todo en Europa (cerca de 500.000), pero también en los Estados Unidos- festejó el triunfo de Yacoub, que trajo una bocanada de felicidad a este pueblo que, todavía hoy, es discriminado y perseguido en su madre patria, la histórica y atormentada Mesopotamia.

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