Una nueva cubierta en la gruta del Eremitorio de Getsemaní la embellece y facilita la oración bajo el sol

El sábado 18 de febrero, con una bendición solemne, fue inaugurada la gruta del Eremitorio de Getsemaní. A la puesta de sol de una tarde invernal, en el complejo que comprende la basílica de la Agonía, el Huerto de los Olivos, la gruta de la Traición y la tumba de la Virgen, un grupo numeroso de personas celebró la reapertura de la cavidad rocosa. Transformada en gruta, efectivamente, en ella se han realizado trabajos de reestructuración para sustituir la vieja cubierta por una nueva. Fray Diego dalla Gassa, director del Eremitorio (lugar de retiro al pie del Monte de los Olivos), ha deseado con anhelo este proyecto, que se ha podido llevar a cabo gracias al interés de Don Alfredo Pizzuto, sacerdote de la diócesis de Siena.

Según explica Beatrice Guarrera, la gruta se suele utilizar para la oración o, en las estaciones más cálidas, para misas al aire libre, pero la cubierta anterior, realizada en uralita, hacía difícil disfrutar de este espacio debido al calor. También por esa razón se decidió construir una cubierta nueva, para sustituir la vieja, ya deteriorada por el tiempo. Don Alfredo implicó a la señora Oretta Leonini, que hizo posible materialmente la realización de la obra, inaugurada en memoria de su marido, Alfredo Mazzuoli, desaparecido en 2012 y peregrino en Tierra Santa en muchas ocasiones. Con la aprobación del antiguo custodio Pierbattista Pizzaballa, el arquitecto sienés Alessandro Bagnoli diseñó el proyecto, en el que colaboró el ingeniero Vincenzo Pagano y que ha sido ejecutado gracias a la oficina técnica de la Custodia, con la ayuda de operarios externos y del mismo fray Diego.

«En este lugar donde se reza y se da gracias, quiero empezar dando las gracias a mi fraternidad, que me ha apoyado en estas obras y que ha tenido la idea de ayudarnos a levantar esta cubierta», dijo fray Diego, quien recordó al anterior director del Eremitorio, el padre Giorgio. «Si nuestro esfuerzo sirviese para una sola persona, ya habría valido la pena».

Después habló Don Alfredo Pizzuto, quien contó la historia de las personas involucradas: «El primer implicado soy yo», dijo. Recordando el Evangelio que habla de que Jesús pasó la noche en el Monte de los Olivos, se ha preguntado: «¿Y si fuese precisamente esta una de las grutas en las que Jesús pasó la noche?» De ahí la necesidad de una cubierta adecuada y la implicación de la señora Orietta Leonini.

«A este sitio se le llama gruta y probablemente era una gruta –ha explicado el arquitecto Alessandro Bagnoli-. Me imagino que se derrumbó y por eso hacía falta cubrirla». La primera idea era realizar una cubierta compacta pero después se decidió construir una más abierta y ligera. Así surgió la idea de construir tres hojas de olivo, ya que la gruta se encuentra en el Monte de los Olivos.

Tras la bendición del lugar, el vicario de la Custodia de Tierra Santa, fray Dobromir Jasztal, transmitió el agradecimiento del custodio fray Francesco Patton. «Jesús nos pide estar atentos a nosotros mismos, no perdernos entre las vicisitudes de la vida. Y el Eremitorio es el lugar que debe favorecer la búsqueda de la paz, el abandono de todas las cosas que nos alejan de Dios».

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