Betfagé, un santuario de origen bizantino y cruzado en el lugar donde Jesús se encontró con Marta

El sábado 19 de marzo, los franciscanos se reunieron en el santuario de Betfagé para conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén el día de las palmas.

La misa en Betfagé, presidida por el custodio, fray Pierbattista Pizzaballa, congregó a franciscanos, parroquianos y peregrinos en la pequeña iglesia. Fray Artemio Vítores subrayó en la homilía que, como en el Evangelio, también nosotros debemos acoger y aclamar a Cristo en nuestra vida cotidiana. ¿Cómo? Siendo verdaderos discípulos, amando y sirviendo a nuestros hermanos, acogiéndoles y caminando con ellos, sin olvidarnos de practicar el perdón y la misericordia.

Tras la celebración, el custodio bendijo el nuevo salón parroquial, bautizado como El Burrito, un proyecto financiado por peregrinos y donantes y dirigido por el guardián del santuario, fray Agustín Pelayo. Servirá como lugar de reunión a las 68 familias que habitan en el Residencial San Francisco.

«Es una buena cosa», afirma Tarik, uno de los vecinos de la urbanización: «No hay nada alrededor de la urbanización, por eso no teníamos un lugar donde reunirnos. ¡Esto va a cambiar muchas cosas!».

Un lugar moderno arraigado en la Edad Media
El santuario franciscano de Betfagé fue restaurado hace dos años para acoger mejor a los grupos de peregrinos. Fray Agustín cuenta su historia: «En 1876 un pastor beduino encontró por casualidad en este lugar un monolito de época bizantina con un fresco de época cruzada». De hecho, la monja y escritora Egeria, que viajó por Tierra Santa entre los años 381 y 3884, menciona un pequeño santuario como conmemoración del lugar en el que Jesús se encontró con Marta.

En la época, era la encrucijada entre el camino que unía Jericó con Jerusalén y que llevaba de Betania a Jerusalén. Por eso, la Custodia compró el terreno y construyó en él un santuario sobre la estructura cruzada, a finales del siglo XIX. «Es más una casa que una iglesia, porque bajo el Imperio otomano estaba prohibido construirlas», explica el padre Pelayo: «Solo después se añadió el ábside y, en 1955, el arquitecto Barluzzi completó la restauración. El diseño, representando el ingreso triunfal de Jesús en Jerusalén, pintado por los cruzados sirvió para que Barluzzi tomara la idea de la torre medieval para la fachada de la iglesia».

El fresco cruzado, que dataría de 1160, está siendo restaurado después de haber estado más de 700 años bajo tierra: «Es uno de los raros frescos en los que se ven los rostros de los personajes, porque fue descubierto más tarde y los musulmanes no tuvieron tiempo de borrarlos». En el jardín del santuario los peregrinos pueden admirar también una tumba con una piedra corrediza que data del siglo I al IV, que permite imaginar cómo pudo ser la sepultura de Nuestro Señor.

Necesidad de la residencia
Los franciscanos llegaron a tener en Betfagé una explotación agropecuaria, con vacas, cerdos, ovejas y conejos, y producían jamón, queso y lácteos «que después repartían por el resto de conventos de Jerusalén con un asno».

Ahora la Custodia ha preferido construir la Residencia San Francisco para ayudar a los fieles católicos de la zona, que encuentran difícil hallar una vivienda a un precio razonable. «Somos sesenta y ocho familias católicas y vivimos aquí desde 2010», explica Samir Hodali, diácono de la parroquia que vive en la Residencia. Betfagé depende de la parroquia latina de Jerusalén, cuya iglesia principal es San Salvador.

Información elaborada con texto y fotos de la Custodia de Tierra Santa.

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