La gran creación de fray Armando: un conservatorio de alumnos palestinos y profesores judíos

Es viernes y un visitante llega al patio del convento de San Salvador en Jerusalén. Se detiene, escucha y comenta divertido: "¿Algún fraile está aprendiendo a tocar el violín?". Su cicerone sonríe: "Sígueme". El visitante pasa bajo un panel un poco descolorido donde se lee: Instituto Magníficat.

En el sótano, el sonido del violín se escucha mejor. "Mira". Desde la ventana de la puerta, el visitante puede ver a un niño que maneja lo mejor que puede el arco bajo los ojos atentos del profesor; y el visitante descubre que, a lo largo de todo el pasillo, a un lado y otro hay clases similares. Aquí se escucha el sonido de un pianoforte, allí el de un violoncelo, más allá el de una guitarra. Bienvenidos a la escuela de música de la Custodia de Tierra Santa.

Un fraile enamorado de la música

Creado por el fraile italiano fray Armando Pierucci ofm, el Instituto Magníficat se prepara para celebrar este mes de junio sus 20 años. Desde septiembre de 2014 hay un nuevo director, el canadiense fray David Grenier. "Son ya varios los años que llevo en San Salvador. He asistido a numerosos conciertos del Instituto, pero debo confesar que solo desde que el Discretorio de la Custodia me confió esta misión he descubierto la amplitud del trabajo realizado por fray Armando y por el equipo que él formó, como también de todos los benefactores que supo implicar".


Los franciscanos también enseñan en la escuela a alumnos que luego colaboran en las liturgias de los Lugares Santos.

Modesto en sus principios, alojado en locales temporales, poco a poco el Magníficat ha ido creciendo. Fray David quiere seguir esta tradición y llevar a término un cierto número de proyectos que fray Armando deseaba para su amada escuela.

Fray Armando, que regresó a su provincia franciscana tras más de 25 años de servicio en Tierra Santa, creó el Magníficat no solo porque él mismo es un gran músico, organista y compositor, sino porque vio que era un medio para servir a la población local. Hace cincuenta años, el convento de San Salvador acogía una zapatería, un taller de carpintería y una herrería, porque en esa época, para servir a las piedras vivas de este país, es decir a los cristianos locales, se les ofrecía la oportunidad de aprender un oficio. Así, surgieron distintas escuelas que ofrecían esta cualificación. Fray Armando está entre aquellos que han sabido innovar y proponer otro camino: la apertura al arte y a la belleza.

Un respiro en medio de la tensión

Un visitante italiano, a quien fray David enseñó la escuela, exclamaba: "Qué bonito es ver a un niño jugar con otra cosa que no sea una pistola de plástico". Y fray David quiere confirmar la vocación que la escuela ha llevado a cabo desde antaño hasta el día de hoy: ser "un respiro en una situación política que sigue siendo tensa. Algunos padres dan fe de todo lo que el aprendizaje de la música ayuda a sus hijos en su desarrollo personal".

No solo la música transporta sus sueños y sus esperanzas, sino que los une y los reúne, porque los casi 200 alumnos que forman hoy la escuela, en su mayoría palestinos y cristianos, tienen ante sí un cuerpo docente (22 profesores) en su mayor parte compuesto por judíos y personas procedentes del antiguo bloque soviético.


Muchos alumnos son palestinos; muchos profesores, judíos: Magnificat es también una escuela de convivencia que siembra para un futuro en paz.

"Tenemos algunos alumnos judíos y musulmanes. Es parte integrante de nuestra vocación franciscana permitir que la música sea este puente capaz de reunir nuestras diferencias", prosigue fray David. Con una bella metáfora, habla de la música como de una realidad capaz de crear armonía entre los pueblos de este país.

Orquestas y coros
Fray Armando también ha luchado duro por el reconocimiento de los diplomas que otorga el Magníficat al nivel europeo gracias a la firma de un acuerdo con el Conservatorio A. Pedrollo de Vicenza.

Comenzando con lecciones privadas de pianoforte impartidas por el maestro italiano, la escuela hoy se ha diversificado y ofrece la posibilidad de aprender a tocar el piano, órgano, violín, viola, violoncelo, flauta, tromba, canto, guitarra y contrabajo, y potencialmente también clarinete y oboe, «aunque este año no tenemos ningún estudiante inscrito para estos instrumentos», precisa fray David.

Desde hace algunos años se ha creado incluso una orquesta; más bien, varias orquestas según la edad. De hecho, como toda escuela de música, es necesario tener en cuenta los distintos niveles. Los ciclos de estudio que comprende, además de los instrumentos, las clases de solfeo y de teoría, cubre en total diez años y empieza ya a recoger los frutos con algunos exalumnos que enseñan en el Magníficat o en las escuelas cristianas de Jerusalén, un verdadero orgullo para el Instituto. Los exalumnos viajan también regularmente al extranjero para ofrecer recitales de piano o de órgano.

La escuela cuenta también con tres coros: uno de niños, otro de adolescentes y un coro internacional compuesto por alumnos y también de voluntarios internacionales que comparten la misma pasión por la música y el canto. Este coro acompaña algunas de las solemnidades de la Iglesia latina en Jerusalén, tanto en el Santo Sepulcro como en distintos santuarios de Tierra Santa.

Nuevos proyectos y necesidad de financiación
Todas estas actividades, como es lógico, necesitan de financiación. "El Magníficat en Jerusalén es la escuela de música cuyos precios de inscripción son los más económicos. Queremos que el dinero no sea obstáculo para el aprendizaje de la música". Igual que el padre Armando, fray David se convierte en peregrino para buscar patrocinadores por el mundo. Mucha ayuda viene de Italia y de Suiza, pero él quiere dar a conocer la labor de la escuela no solo en Europa sino también en América del Norte.

Los proyectos no faltan. "Tenemos necesidad de agrandar los locales. Necesitamos de una auténtica sala de conciertos. Tenemos ya el terreno para construir los nuevos locales y la sala con una acústica digna de tal nombre. Podrá servir también para representaciones teatrales o de otro tipo".

El Magníficat tiene veinte años, una ocasión para ver todo lo que se ha realizado, e incluso para decir que todavía el Instituto tiene una vida muy larga ante él. Para celebrar los 20 años, la cita es en San Salvador el 7 de junio a las 18 horas, con el festival Magic Lamp.

Artículo publicado originalmente en la página web de la Custodia de Tierra Santa.

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